lunes, 9 de noviembre de 2015

Carta a un mal sueño y el sortilegio de la niñez





I
¿Recuerdas cuando nos conocimos? O mejor ¿cuando tu te presentaste?
Mmmj, yo si lo recuerdo. Sería ya entrada la noche, una noche calurosa del llano, en esa casa gigante; recuerdo dejar el patio mientras todos bebían, entrar al cuarto, y sabes, de ahí en adelante todo lo recuerdo azul, me acosté y no alcance a quedarme dormido cuando tu, con dulce voz hablaste diciéndome -tranquilo, no te va a pasar nada, ven tranquilo...
Para tu gozo me helaste de la sangre hasta los huesos. Esa noche mi corazón enturbio su latido natural, perdí la confianza en Dios; por más que ore, por más que abrace la cruz, tu te burlabas de mi temor. ¡Maldita noche sin sueño! Recuerdo ir corriendo al patio en busca de ayuda y todos ebrios y medio dormidos solo decían -tranquilo, eso es la !virgen¡ vaya mas bien adormir y no joda culicagado- maldita noche esa.
A la mañana siguiente solo una tía recordaba el hecho exclamando- ¡Ay! mijito ¿entonces la virgen se le esta presentando? siéntase bendecido-
¡Ja! Tu virgen. Desde ese momento supe que eras odio puro.

A los ocho años me fundí en el limite de los mundos, con los etéreos efluvios que emanan de lo aún no formado. Me aventaste en un laberinto de espejismos donde mi cuerpo es fragmento, donde muchos son yo y yo no soy nada. La brujería de la niñez hizo de mi, un espacio propicio para ti, para los murmuradores.. Pero ahora estoy cansado, realmente agotado de vivir con este peso en la nuca, con la densa pesadumbre que es tenerte parasitando mi vida. Se que mi error, aunque muy inocente, fue haber roto el cristal que nos separaba. Tal vez sea por eso que ahora te escribo estas cartas.
II
Amores odiados son los que te escucho narrar, mis sueños son tus palabras, mi cuerpo un templo que añoras. Pobre niño el que confía en mi, si apenas puedo mantenerte tras la linea de la cordura; pobre, sonriéndome y hablándome como si yo lo entendiera. Te pido que no te rías mientras le doy su comida, que no le hables cuando el se queda mirándome en silencio, indagando allí donde no puedo ver. No quiero que el termine como yo junto a ti.
Cuando te conocí me vi a ventado a desconfiar de ese dios del que herede la cruz, me acaricie hasta envenenarme de pecado y vomite el agua que me dio este cristiano nombre, así lo hice y no fue por ti, lo hice por mi, por iniciativa de lo que no se de mi. Pienso que lo hice siendo muy humano, odiando ser tan humano, que tonto soy.

Hablemos de Dios. Pero no te molestes, ¡siéntate! Dándome la espalda eso si. Pronto entrare en sueños y podrás desgarrarme el alma en odio, pero antes escúchame. No puedo creer en la bondad pendenciera, en la cruz dolorosa que limpia pecados o en la sangre del cordero que crea rebaños. más me pregunto sobre lo sagrado. Dime, ¿conoces lo sagrado? ¿que es lo sagrado? Yo te considero sagradamente profana. Cualquiera pensaría que te odio como tu a mi, pero es que lo sagrado entre tu y yo es el odio, nuestro territorio de amor es el miedo, nuestro hogar es la tormenta. Y bueno si dios es lo sagrado entonces dios es todo eso; tu y yo estamos dentro de dios como moléculas gravitando un eterno huracán.
III

Me desgarre el manto blanco, y la cruz de ceniza se deshizo fecundando la tierra en la que anide.
Te diré que conocí lo sagrado en mi propia sangre, en ese silencio que es no soñar; en el austero abrazo del hambre con el que inicie estos pasos. Ha sido un viaje arduo, denso y enfermo; he pasado muchas veces por tu casa sin parar a descansar, sin beber de tu vino ni comer de tu carne. Pues también han sido muchas las veces que he visto y sentido la presencia de aquello sin nombre que me platica sin palabras.
Tu yo no estamos mas cerca de eso que un cuerpo de su propia sombra.


 ¡dime! Dime hoy Si es que me escuchaste, a qué le temes tú si no es a mi como yo a ti. Después de tantos años me doy cuenta que no se quien eres exactamente, no se que quieres, que haces tan cerca y tan lejos de mi. solo te diré que aquello sagrado que hoy llamare dios, mí dios, y no es un dios de amor o un dios vengativo solo es lo que debe ser cuando debe serlo, tal vez es por eso es que nunca puedes sobrepasar los limites del sueño, tal vez es por eso que mi ira nunca puede sobrepasar los limites del grito. Bendito sea entonces mi dios sin nombre ni mundo, tan vagabundo y solitario como el polvo. Bendito sea ese dios que lo es todo entre tu y yo.

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