I
¿Recuerdas cuando nos conocimos? O mejor ¿cuando tu te presentaste?
Mmmj, yo si lo recuerdo. Sería ya entrada la noche, una noche
calurosa del llano, en esa casa gigante; recuerdo dejar el patio
mientras todos bebían, entrar al cuarto, y sabes, de ahí en
adelante todo lo recuerdo azul, me acosté y no alcance a quedarme
dormido cuando tu, con dulce voz hablaste diciéndome -tranquilo, no
te va a pasar nada, ven tranquilo...
Para tu gozo me helaste de la sangre hasta los huesos. Esa noche mi
corazón enturbio su latido natural, perdí la confianza en Dios; por
más que ore, por más que abrace la cruz, tu te burlabas de mi
temor. ¡Maldita noche sin sueño! Recuerdo ir corriendo al patio en
busca de ayuda y todos ebrios y medio dormidos solo decían
-tranquilo, eso es la !virgen¡ vaya mas bien adormir y no joda
culicagado- maldita noche esa.
A la mañana siguiente solo una tía recordaba el hecho exclamando-
¡Ay! mijito ¿entonces la virgen se le esta presentando? siéntase
bendecido-
¡Ja! Tu virgen. Desde ese momento supe que eras odio puro.
A los ocho años me fundí en el limite de los mundos, con los
etéreos efluvios que emanan de lo aún no formado. Me aventaste en
un laberinto de espejismos donde mi cuerpo es fragmento, donde muchos
son yo y yo no soy nada. La brujería de la niñez hizo de mi, un
espacio propicio para ti, para los murmuradores.. Pero ahora estoy
cansado, realmente agotado de vivir con este peso en la nuca, con la
densa pesadumbre que es tenerte parasitando mi vida. Se que mi
error, aunque muy inocente, fue haber roto el cristal que nos
separaba. Tal vez sea por eso que ahora te escribo estas cartas.
II
Amores odiados son los que te escucho narrar, mis sueños son tus
palabras, mi cuerpo un templo que añoras. Pobre niño el que confía
en mi, si apenas puedo mantenerte tras la linea de la cordura; pobre,
sonriéndome y hablándome como si yo lo entendiera. Te pido que no
te rías mientras le doy su comida, que no le hables cuando el se
queda mirándome en silencio, indagando allí donde no puedo ver. No
quiero que el termine como yo junto a ti.
Cuando te conocí me vi a ventado a desconfiar de ese dios del que
herede la cruz, me acaricie hasta envenenarme de pecado y vomite el
agua que me dio este cristiano nombre, así lo hice y no fue por ti,
lo hice por mi, por iniciativa de lo que no se de mi. Pienso que lo
hice siendo muy humano, odiando ser tan humano, que tonto soy.
Hablemos de Dios. Pero no te molestes, ¡siéntate! Dándome la
espalda eso si. Pronto entrare en sueños y podrás desgarrarme el
alma en odio, pero antes escúchame. No puedo creer en la bondad
pendenciera, en la cruz dolorosa que limpia pecados o en la sangre
del cordero que crea rebaños. más me pregunto sobre lo sagrado.
Dime, ¿conoces lo sagrado? ¿que es lo sagrado? Yo te considero
sagradamente profana. Cualquiera pensaría que te odio como tu a mi,
pero es que lo sagrado entre tu y yo es el odio, nuestro territorio
de amor es el miedo, nuestro hogar es la tormenta. Y bueno si dios es
lo sagrado entonces dios es todo eso; tu y yo estamos dentro de dios
como moléculas gravitando un eterno huracán.
III
Me desgarre el manto blanco, y la cruz de ceniza se deshizo
fecundando la tierra en la que anide.
Te diré que conocí lo sagrado en mi propia sangre, en ese silencio
que es no soñar; en el austero abrazo del hambre con el que inicie
estos pasos. Ha sido un viaje arduo, denso y enfermo; he pasado
muchas veces por tu casa sin parar a descansar, sin beber de tu vino
ni comer de tu carne. Pues también han sido muchas las veces que he
visto y sentido la presencia de aquello sin nombre que me platica
sin palabras.
Tu yo no estamos mas cerca de eso que un cuerpo de su propia sombra.
¡dime! Dime hoy Si es que me escuchaste, a qué le temes tú si no
es a mi como yo a ti. Después de tantos años me doy cuenta que no
se quien eres exactamente, no se que quieres, que haces tan cerca y
tan lejos de mi. solo te diré que aquello sagrado que hoy llamare
dios, mí dios, y no es un dios de amor o un dios vengativo solo es
lo que debe ser cuando debe serlo, tal vez es por eso es que nunca
puedes sobrepasar los limites del sueño, tal vez es por eso que mi
ira nunca puede sobrepasar los limites del grito. Bendito sea
entonces mi dios sin nombre ni mundo, tan vagabundo y solitario como
el polvo. Bendito sea ese dios que lo es todo entre tu y yo.
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