I
En las penumbras del
medio día
cosecharas palabras
ciegas.
Cuando el árbol se
alce
y bajo tus pies las
raíces rompan el firmamento,
tus manos araran
estos efímeros pensamientos.
Porque somos sombras
suspendidas
en el raudo río
que lentamente se
disuelve
en las arenas
a la orilla del
camino.
II
No es por amor
que mis palabras
nacen,
ni poseídas de odio
están;
más a un demonio
debo mi paz
en la turbulencia
del pensamiento
III
Cuando caigo
desvanezco mi forma
soplando con fuerza
el rito del llanto.
Cuando caigo el
polvo es mi morada
elevándome a la
nada.
IV
Soy angustia
permanente
soy miedo y por
miedo camino el filo,
cayendo, cayendo
cayendo...
Con los huesos
hechos promesas
y el corazón
llameante hirviéndome los sesos,
soy angustia latente
sin que cada segundo
pase por ser vencido.
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